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24 de mayo de 2010

A la práctica

Por Karen Gallardo



Soy estudiante universitaria, pero este es el año en que me graduaré como bachiller en la especialidad de Comunicación, después de cinco largos años de estudio.  Cuando empecé mi carrera veía muy lejano el momento de ser una profesional, pero ahora estoy a punto de lograrlo.

He cursado más de 30 asignaturas, cada una estas  tenía  el objetivo de enseñarme algo nuevo o de reforzar conocimientos  que ya poseía.  Al principio fue muy difícil entender esto.  Los cursos me parecían aburridos, y como muchos, en algún momento pensé “y esto de qué me sirve”, ¡que me enseñen algo que en realidad necesite saber!

En vacaciones  realicé  mis practicas pre profesionales en la especialidad de Relaciones Públicas. Al comenzar sentía mucho miedo, sin embargo al paso del tiempo  descubrí  las actividades que se me encargaban  no era tan difíciles de realizar, lo único que debía hacer es recordar lo que aprendí en las aulas.
Cómo escribir una nota de prensa, cómo elaborar perfiles de actividades y llevarlas a cabo, cómo redactar distintos documentos, cómo hacer un video, como elaborar afiches, entre otros, ya la sabía.  Por supuesto con la práctica  también aprendí nuevas habilidades. Que hasta el momento no tenía.  Sin embargo puedo asegurar que gran parte del éxito profesional tiene como base  los conocimientos teóricos que aprendemos en la universidad y que muchas veces desdeñamos.

Todas las enseñanzas universitarias tienen ciertos objetivos,  incluso los cursos de humanidades que llevamos por obligación.  Estos en realidad construyen el juicio crítico, y ayudan a determinar  lo correcto dentro de los lineamientos de la profesión.

Todo lo que aprendemos  en los salones de clase  es posible llevarlo a la práctica. Aunque pensemos que las asignaturas son aburridas debemos prestarles la debida atención, pues en algún momento necesitaremos de aquellos conocimientos y será un real problema si no  los manejamos.

Por Karen Gallardo


No soy una hijita de universidad

Por Alessandra Kufoy


Mi abuela siempre me decía que tenía que aprovechar mi niñez, porque cuando creciera no me iba a divertir: tenía que buscar trabajo, amor y éxito; y todo esto iba a ser difícil de conseguir. A pesar de sus consejos, de pequeña contaba los días para ser grande. Pero fui creciendo, y me di cuenta que mi abuela tenía razón: la realidad no es emocionante. Buscar trabajo no es tan sencillo, y ni qué hablar de encontrar el verdadero amor. Peor aún, la universidad no nos enseña la realidad.

 La universidad, que es el lugar en donde confluyen e imparten los mejores conocimientos, nos hace especialistas en el ámbito de nuestra carrera y forma nuestros juicios, pero no nos enseña sobre la complejidad de las relaciones humanas o el primer día de trabajo; sobre la vida en sí.

 ¿Por qué la universidad no nos enseña la realidad?


 Hablemos con franqueza, la realidad no es algo entretenido para impartir en las aulas de futuros profesionales. Importa más la sabiduría, que enseñarnos cómo hacer amiguitos. La realidad la debemos aprender por nosotros mismos, lo que la universidad hace es empujarnos con conocimientos para hacerlo mejor, nos llena la mente de nuevos conocimientos y nos da luz sobre otros, mas no sobre cómo manejar nuestra vida personal.


 Además, ningún hombre sabe todo de la realidad. Ni el Decano de Humanidades nos puede decir cómo encontrar el amor. Asimismo, la realidad cambia, y los hombres con ella. No todos somos iguales, ni actuamos ante una situación de la misma manera.

 El hombre es un ser capaz de actuar según su inteligencia, y es a esa inteligencia a la que se dirige la universidad. Por esta capacidad, el hombre debe descubrir -aparte- cómo vivir su vida. No se le puede dar todo en bandeja de oro como un papá que engríe mucho a su hijo. Si fuera así, el niño esperaría todo de otros y no haría nada por sí mismo.

 Como dice el novelista americano Grail Godwin, la enseñanza es una cuarta parte de conocimientos y tres cuartas partes de actuación. Pero esta actuación la debemos aprender por nosotros mismos. No seamos hijitos de Universidad.

Por Alessandra Kufoy

 
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